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2014年10月

2014年10月22日 (水)

Comida y hambre

Cuando comenzó a alimentarse de otra manera del factor quema grasa , se dio cuenta de por qué ni siquiera resolviendo sus problemas había cambiado sus hábitos de alimentación pudiendo decir celulitis nunca mas . Comprendió que, tras años de regímenes, se había desconectado comple­tamente de la necesidad natural de comer. Norma aprendió, como lo aprenderá usted en el curso de este libro, que los problemas de la comida se resuelven de una sola manera. La alimentación llevada a cabo en la forma que describiremos más adelante, va más allá de su comprensión y afronta los problemas vinculados con la tranquilidad, que son los que dan origen a la sobrealimentación.

Crear tus Propias DIETAS.- de Como Hacerlo
YouTube: Crear tus Propias DIETAS.- de Como Hacerlo

Hay consumidores compulsivos de muy distinta especie. Se presentan con toda una variedad de problemas y con distintos grados de lo que podría considerarse salud mental. Sin embargo, no obstante sus diferencias, poseen algunos factores en común. Primero, comparten un modo particular de tratar la ansiedad: se aferran a la comida con el factor quema grasa . Luego, comparten las consecuencias de tratar la ansiedad de esta manera. Después de años de comer compulsivamente y de seguir dietas en forma crónica, se han desconectado de la experiencia de comer cuando se tiene hambre. Como vemos, la falta de experiencia básica de sentir hambre y sentirse alimentado que sufren los consumidores compulsivos consti­tuye el núcleo del problema. Pero también ahí está la solu­ción con lo de celulitis nunca mas .

LA CURA — LA RELACION HAMBRE/ALIMENTO
Proponemos que los consumidores compulsivos comien­cen su propia curación y reparen el daño que ha ocasionado su adicción a la comida; deben volver a relacionar alimento y hambre. Cuando logran hacerlo, se produce un mayor impacto sobre sus problemas vinculados con la tranquilidad y, como resultado, tienen menos necesidad de recurrir a la comida para calmar la ansiedad. Cuando logran vencer su adicción a la comida, también pierden peso. Veamos cómo funciona esto.

Nacemos sabiendo comer. Sentimos hambre, lloramos y nos alimentan. Mediante infinitas secuencias de sentir hambre y recibir alimento, tomamos contacto con el mundo y aprendemos que éste satisface nuestras necesidades con seguridad. Muy pronto en la vida, la alimentación y la calma están indisolublemente ligadas. Los niños hambrientos sienten pánico, y cuando el mundo responde a su pánico con alimento, se calman. La experiencia de la alimentación se halla en el centro de miles de interacciones e impresiones que contribuyen a nuestra sensación de seguridad.

Ensalada

A lo largo de la vida, alimentarse en respuesta al hambre significa nutrirse tanto física como psicológicamente como se trata en el factor quema grasa como se dice en la web factorquemagrasa. Los consumidores no compulsivos se alimentan cuando tienen hambre, varias veces por día. Y cada vez que lo hacen están conmemorando y reforzando la experiencia de haberse sentido protegidos en la niñez sin concocer la obra declulitis nunca mas desde la  web celulitisnuncamas. Se están demostrando, de esta manera tan sencilla, que están en armonía con sus necesidades.

La situación de los consumidores compulsivos es total­mente distinta. Ellos no gozan de la experiencia diaria de cuidarse a sí mismos mediante la alimentación para mitigar el hambre. Su problema —emplear la comida para calmar la ansiedad— los ha conducido a considerar la comida fuera del contexto original de la alimentación. La solución elegida —el régimen— los ha desconectado aun más de la necesidad natural de comer. Usan la comida como un símbolo de la protección que experimentaron de niños, con la esperanza de que los calme también de adultos.

2014年10月 7日 (火)

Necesidades energeticas en ayuno

Grande, ya lo vimos, lo explicaba diciendo que, por un lado, hay una disminución de las necesidades de energía de mantenimiento. Es decir, hay un descenso en el meta­bolismo basal. Por otra parte, la actividad física es la que más se reduce en el ayuno, porque la persona hambrienta tiene aversión a emprender cualquier actividad.


Los cálculos que se han hecho en el laboratorio indi­can que la adaptación a la restricción calórica parcial de­penden en un 40 % de la reducción de metabolismo ba­sal, y en un 60 % de la reducción de la actividad física espontánea. De manera que podemos ya extraer otra con­clusión: si se quiere reducir peso, los pacientes deben seguir con su actividad física normal.


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Midiendo la eliminación urinaria de nitrógeno y el ba­lance de carbono en las heces, la orina y la respiración como en http://www.taringa.net/elportentoso, se pudo demostrar que aproximadamente el 80 % de la ener­gía se obtiene de la oxidación de grasas y el resto de la oxidación de proteínas. Pero no todo lo que pierde el or­ganismo durante un período de privación de alimentos son hidratos, grasas o proteínas. Hay también una considera­ble pérdida de agua.


De hecho, en los soldados de la experiencia de nues­tro laboratorio pudimos comprobar la composición del peso perdido en distintos momentos. Los primeros tres días, la pérdida de peso era notable, del orden de 0,8 kg, pero estaba compuesta en un 70 % de agua y un 19 % de grasa. Al final del experimento la pérdida de peso se reducía a 0,1 kg, pero la grasa constituía el 80 %, y el 15 % de proteínas, sin pérdida neta de agua. Cuando una persona quiere perder peso, o sea, grasa, no le resuelve nada perder agua, que tiene otros efectos muy poco de­seables. Combinar, pues, la privación de alimentos con la privación de agua es un riesgo.

(Ver el capítulo del metabolismo del agua.)
Cómo se alimenta el cerebro en el ayuno
Grande, que como hemos visto estudió a fondo el me­tabolismo del cerebro, se hacía en este punto una pregun­ta: en ayuno, o en un régimen hipocalórico -en que no se suelen ingerir hidratos de carbono- los órganos que se ali­mentan exclusivamente de glucosa (que no se ingiere), ¿cómo la obtienen? Por ejemplo, el cerebro, la retina, los glóbulos rojos...

Limalimon



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La clave está -decía Grande- en la glucogénesis, que nos permite elaborar glucosa a partir de la proporción carbónica de los aminoácidos que constituyen las proteí­nas. El problema está en establecer qué cantidad de glu­cosa podemos fabricar en el ayuno absoluto. Pues bien, teniendo en cuenta que podemos medir el nitrógeno por la orina, podemos calcular sin dificultades cuál es la can­tidad de proteínas que se están transformando, y por tan­to, de manera aproximada, cuál es la cantidad de azúcar que el organismo puede formar a partir de esas proteínas. Pero, claro, el cerebro necesita alrededor de 140 g de glu­cosa al día. Y esa transformación de que hablamos no produce tanto. ¿Cómo se alimenta, pues, el cerebro? La clave nos la han brindado esos seres extraordinariamen­te obesos que se han prestado al ayuno absoluto con ob­jeto de perder peso. En ellos se ha comprobado que el cerebro puede consumir cierta cantidad de cuerpos cetónicos, que son el producto intermedio de la oxidación de las grasas en nuestro organismo. Se sabía, desde hace tiempo, que en el cerebro existen enzimas capaces de oxi­dar los cuerpos cetónicos, pero no había constancia de que esta oxidación se llevara a cabo en el cerebro de una persona.