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2014年10月 7日 (火)

Necesidades energeticas en ayuno

Grande, ya lo vimos, lo explicaba diciendo que, por un lado, hay una disminución de las necesidades de energía de mantenimiento. Es decir, hay un descenso en el meta­bolismo basal. Por otra parte, la actividad física es la que más se reduce en el ayuno, porque la persona hambrienta tiene aversión a emprender cualquier actividad.


Los cálculos que se han hecho en el laboratorio indi­can que la adaptación a la restricción calórica parcial de­penden en un 40 % de la reducción de metabolismo ba­sal, y en un 60 % de la reducción de la actividad física espontánea. De manera que podemos ya extraer otra con­clusión: si se quiere reducir peso, los pacientes deben seguir con su actividad física normal.


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Midiendo la eliminación urinaria de nitrógeno y el ba­lance de carbono en las heces, la orina y la respiración como en http://www.taringa.net/elportentoso, se pudo demostrar que aproximadamente el 80 % de la ener­gía se obtiene de la oxidación de grasas y el resto de la oxidación de proteínas. Pero no todo lo que pierde el or­ganismo durante un período de privación de alimentos son hidratos, grasas o proteínas. Hay también una considera­ble pérdida de agua.


De hecho, en los soldados de la experiencia de nues­tro laboratorio pudimos comprobar la composición del peso perdido en distintos momentos. Los primeros tres días, la pérdida de peso era notable, del orden de 0,8 kg, pero estaba compuesta en un 70 % de agua y un 19 % de grasa. Al final del experimento la pérdida de peso se reducía a 0,1 kg, pero la grasa constituía el 80 %, y el 15 % de proteínas, sin pérdida neta de agua. Cuando una persona quiere perder peso, o sea, grasa, no le resuelve nada perder agua, que tiene otros efectos muy poco de­seables. Combinar, pues, la privación de alimentos con la privación de agua es un riesgo.

(Ver el capítulo del metabolismo del agua.)
Cómo se alimenta el cerebro en el ayuno
Grande, que como hemos visto estudió a fondo el me­tabolismo del cerebro, se hacía en este punto una pregun­ta: en ayuno, o en un régimen hipocalórico -en que no se suelen ingerir hidratos de carbono- los órganos que se ali­mentan exclusivamente de glucosa (que no se ingiere), ¿cómo la obtienen? Por ejemplo, el cerebro, la retina, los glóbulos rojos...

Limalimon



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La clave está -decía Grande- en la glucogénesis, que nos permite elaborar glucosa a partir de la proporción carbónica de los aminoácidos que constituyen las proteí­nas. El problema está en establecer qué cantidad de glu­cosa podemos fabricar en el ayuno absoluto. Pues bien, teniendo en cuenta que podemos medir el nitrógeno por la orina, podemos calcular sin dificultades cuál es la can­tidad de proteínas que se están transformando, y por tan­to, de manera aproximada, cuál es la cantidad de azúcar que el organismo puede formar a partir de esas proteínas. Pero, claro, el cerebro necesita alrededor de 140 g de glu­cosa al día. Y esa transformación de que hablamos no produce tanto. ¿Cómo se alimenta, pues, el cerebro? La clave nos la han brindado esos seres extraordinariamen­te obesos que se han prestado al ayuno absoluto con ob­jeto de perder peso. En ellos se ha comprobado que el cerebro puede consumir cierta cantidad de cuerpos cetónicos, que son el producto intermedio de la oxidación de las grasas en nuestro organismo. Se sabía, desde hace tiempo, que en el cerebro existen enzimas capaces de oxi­dar los cuerpos cetónicos, pero no había constancia de que esta oxidación se llevara a cabo en el cerebro de una persona.

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